Tratamiento Inmuno-Modulador
Desde hace casi una década el manejo de la EM se ha visto significativamente beneficiado por la aparición de medicamentos que han demostrado modificar el curso natural de la enfermedad, llamados inmunomoduladores.
Actualmente en Ecuador contamos con: Interferón Beta 1b e Interferón Beta 1a.
Estos fármacos han demostrado, mediante extensos ensayos clínicos y por la práctica médica cotidiana tener un efecto beneficioso en:
- reducir en forma significativa la cantidad y severidad de las recaídas
- limitar la aparición de nuevas lesiones cerebrales
- disminuír la progresión de la discapacidad
Es importante tener en cuenta que dichos tratamientos actúan sobre el futuro, es decir que tendrán efecto a partir de su uso, y que no mejorarán los síntomas o secuelas previos a su empleo.
Hay evidencias que demuestran que su mayor beneficio se obtiene en la forma de la enfermedad a recaídas y remisiones y cuanto más precozmente sean empleados.
Actualmente existe consenso que estos tratamientos deberían ser utilizados tan pronto se haga el diagnóstico certero de EM y que su uso deberá prolongarse por tiempo indeterminado, esto significa que no deberían suspenderse o reemplazarse hasta que se descubran medicamentos mas efectivos o hasta que produzcan efectos indeseables.
Los medicamentos mencionados tienen distintas formas de administración (subcutánea o intramuscular), distinta posología (aplicación diaria, tres veces por semana, día por medio o semanal) y distintas dosis, motivo por el cual su elección deberá ser cuidadosamente hecha conjuntamente entre el paciente y el médico, teniendo en cuenta sus potenciales inconvenientes y beneficios.
También se utiliza un inmunosupresor denominado Mitoxantrone. El mismo debería utilizarse en determinadas fases o formas de EM (secundaria progresiva, progresiva con recaídas o recaída remisión con rápido empeoramiento) y/o cuando los anteriores fármacos dejaran de ser efectivos. Su aplicación es por vía endovenosa cada tres meses y sus efectos van dirigidos a detener el empeoramiento progresivo de la discapacidad y reducir la frecuencia de recaídas. Su uso está limitado en el tiempo por los eventuales efectos adversos y por lo tanto deberán balancearse cuidadosamente sus potenciales beneficios y desventajas. Ninguno de los fármacos mencionados demostró por el momento ser útil en la forma primaria progresiva de EM.
Es importante destacar que el uso aislado de estos fármacos como único tratamiento de la enfermedad no será en general suficiente, sino que deberá ser acompañado de otras medidas tendientes a mejorar la calidad de vida de las personas con EM (tratamiento de los síntomas, tratamiento específico de las recaídas, rehabilitación física y psicológica, etc.)
En la actualidad existen muchas otras drogas o procedimientos en fase experimental, que en un futuro no muy lejano probablemente se agreguen a este arsenal terapéutico y permitan un mejor control de la enfermedad.
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